La productividad y estabilidad de un huerto de nogales comienzan en el suelo. Un sistema radicular sano permite una mejor absorción de agua y nutrientes, favorece la acumulación de reservas y contribuye a una brotación, cuaja y calidad de fruta más eficientes.

La compactación, la baja materia orgánica y la pérdida de actividad microbiológica pueden limitar el desarrollo de las raíces y afectar directamente el rendimiento. Por ello, el diagnóstico mediante calicatas y el manejo adecuado de la estructura y oxigenación del suelo son fundamentales.

Entre las estrategias recomendadas se encuentran el manejo físico de la compactación, el uso de yeso agrícola, materia orgánica, ácidos húmicos y herramientas biológicas como micorrizas y microorganismos benéficos.

Un suelo activo y una rizósfera equilibrada permiten además mejorar la eficiencia de la fertilización y aumentar la resiliencia del árbol frente al estrés.

En definitiva, invertir en la salud del sistema radicular es invertir en productividad, calidad y sustentabilidad. La construcción de un buen sistema radicular requiere un manejo planificado y sostenido desde el establecimiento del huerto.

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